¡Hola! Siento haber tenido la historia tan abandonada, pero os prometo que este verano la voy a continuar. Puede que publique un poco cada día y acabe dividiendo los capítulos en distintas partes. ¿Que os parece?

En fin, aquí lo tenéis. Espero que os guste.







Capitulo 4: Un nuevo comienzo

Mataba mi tiempo mirando por la ventana, fingiendo mirar el paisaje cuando en realidad no veía nada. Sólo Pensaba. En Beth. En mi partida. En todo. O mejor dicho, lo intentaba. Pero a aquellas alturas, después de tres largas horas de avión, los pensamientos se volvían borrosos, se distorsionaban y se mezclaban entre ellos de una forma surrealista, formando cúmulos de palabras sin sentido. Me dolía la cabeza, y sentía todos los músculos del cuerpo abarrotados, preguntándome si sería capaz de volver a moverme de nuevo.

De pronto, una voz procedente de la cabina del piloto me sacó de mi eterno letargo. Pestañeé, mirando a ambos lados del alado vehículo y encontrándome con situaciones muy similares a la mía; personas despertando de su siesta y mirando alrededor, confundidas. Una pequeña sonrisa traviesa apareció en mi boca sin motivo alguno. Al percatarme de aquél detalle, me puse seria y escuché lo que el piloto tenía que decirme.

“ SEÑORAS Y SEÑORES, ME COMPLACE INFORMARLES DE QUE DENTRO DE APROXIMADAMENTE UN CUARTO DE HORA TENDREMOS LONDRES A NUESTROS PIES. “

Suspiré, sin saber si debía sentirme feliz o apenada. Echaba de menos a Beth. No podía dejar de torturarme pensando en ella y en cómo le estarían yendo las cosas. A lo mejor si la hubiese visto una última vez habría podido despedirme de ella apropiadamente, pero, ciertamente, todo sucedía por un motivo, y tenía que aceptar lo que viniese. También echaba de menos a mis padres, aunque en menor medida. Nuestra despedida había sido un poco fría; todos nos habíamos contenido con el propósito de esconder nuestros sentimientos. Sin lágrimas ni palabras de consuelo, ciertamente aquello no podía llamarse despedida, pero mi familia era así. Y en aquél momento era algo que agradecía; mi pánico a las despedidas no había hecho otra cosa que ir en aumento recientemente, y empezaba a ser preocupante. Finalmente, decidí dejar de darle vueltas.

Veinte minutos después, me encontraba en medio del aeropuerto londinense, sin saber muy bien cómo había llegado allí. Miré alrededor; no sabía a donde dirigirme. En teoría, mi tía Rachel debía venir a recogerme para llevarme a Vrenies, pero no la veía por ningún lado. Bueno, si la hubiese visto tampoco habría reparado en ella, ya que no tenía ni la menor idea de su aspecto físico. Cabe añadir que eso se debía a que no la había visto nunca –o eso creía yo–. De pronto, una mano asió mi hombro, y volteé rápidamente, asustada. El chico me sonrió, tendiéndome la mano.

“ ¡Hola, Daianne! “ exclamó el desconocido efusivamente. “ ¡Cuánto tiempo sin verte! Por dios, chica, ¡has crecido un montón! “

Le miré, desconcertada. No le conocía, pero su cara tenía un deje que me resultaba familiar.

“ ¿Y tu eres...? “ interrogué mientras rechazaba su mano descaradamente.

“ Christian. “ Se encogió de hombros, como dándome a entender que su nombre era la
llave que abría el cofre del tesoro.

“ Perfecto. “ repuse molesta. “ Ahora lo tengo todo más claro. “

“ Oh, vamos. “ bufó exasperado. “ No es necesario que finjas que no recuerdas a tu primo favorito. “

“ ¿P-primo? “ susurré. Oh, sí. Mi padre había comentado algo sobre un tal Christian.

“ Si. Primo. “ dijo orgulloso. “ ¿Es cierto que no me recuerdas ni un poco? “ Su mirada se ensombreció, parecía triste.

“ No, lo siento... “ contesté avergonzada. “ Mis padres dicen que probablemente se debe al golpe que me di cuando tenía... “

“ ...diez años. “ finalizó Christian con una sonrisa triste. “ Sí, lo recuerdo. Matt y yo estábamos contigo cuando pasó. “

“ ¿Matt? “ El nombre también me sonaba.
Chris puso cara de cachorrito abandonado, estaba al borde del llanto. Y yo no podía soportar la simple idea de hacer sufrir a alguien.

“ No recuerdas a Matt. “ dijo más como una afirmación que como una pregunta.
Negué con la cabeza, cohibida. Quería recordar, pero no podía.

“ Y-yo... L-lo, lo siento, Christian. No puedo recordar nada de nada. Es... es frustrante. “ Fruncí el entrecejo y me devané los sesos intentando recuperar la memoria perdida.

“ Bah, no le des más vueltas. Es normal. “

Le miré sin entender, y cuando se percató de lo que había salido por sus labios tuve la extraña sensación de que se arrepentía de haberlo dicho.

“ ¿Normal? “

“ Si, bueno, ya sabes. Por lo del golpe y todo. El médico dijo que podías tener amnesia.”

“ Ah, si. “ dije poco convencida, con la sensación de que no era aquello lo que había querido decir.

“ ¿Nos vamos? “ Me dirigió una sonrisa traviesa, ya recuperado de todos los males.

“ Claro. ¿Dónde está la tía Rachel? “

Posó su mirada en mi, asombrado.

“ ¿Rachel? No está. “ respondió escueto.

“ ¿No? “ fruncí el ceño involuntariamente.

“ Está de viaje. “

“ Ah. “ Quería preguntarle dónde, pero corría el riesgo de parecer una cotilla, por lo que opté por callar.

“ Vamos, ya hablaremos en casa. “ Sin esperar mi respuesta, me tomó de la mano y se cargó mi maleta en el hombro, dedicándome una sonrisa de superioridad.

“ Machito. “ bufé.

“ No has cambiado en absoluto. “ respondió ensanchando su sonrisa al máximo; una sonrisa que me resultaba insoportablemente familiar.

“ Me resultas familiar. “ puntualicé mientras me dejaba arrastrar por todo el aeropuerto mientras mi primo buscaba la salida.

“ ¿No me digas? “ repuso irónico.

Puse los ojos en blanco. Aquél iba a ser un año muy largo.


Finalmente, después de mil horas de camino, llegamos a Vrenies, pueblo natal de algún familiar y supuesto lugar de mi veraneo infantil. Me había quedado dormida al principio del trayecto, y al despertar me encontré en una oscura habitación y dentro de una cama que no era la mía. Entré en pánico.

“ No te alteres, primita. “ me susurró alguien al oído. Era Christian.

“ Christian, me has asustado. ¿Cómo he llegado aquí? Lo último que recuerdo es haberme dormido en el coche. “

“ Te he subido yo. “ ¿Qué el me había subido? Me ruboricé solo con imaginarlo, pero confié que la oscuridad que lo envolvía todo lo disimulara.

“ No te ruborices. “ Chris reía suavemente.

“ ¡No lo hago! “ exclamé alarmada enrojeciendo aún más.

“ Claro que lo haces. Siempre has sido así, y yo lo sé muy bien. Te conozco mejor que tú. “ dijo orgulloso.

“ Ya, claro. Más quisieras. “ contesté un poco mosqueada.

“ Te has enfadado. “ puntualizó.

“ No, para nada. “ dije entre dientes. “ Bueno, dejémoslo estar. ¿Vas a quedarte aquí toda la noche o me vas a dejar dormir tranquila? “

“ No sé tú, pero yo no duermo por la mañana. “

“ ¿Eh? “ dije tontamente.

“ ¡Son las dos del mediodía, bella durmiente! “ gritó mientras levantaba la persiana
de la habitación, permitiendo así que los rayos del sol entrasen y me diesen de lleno
en la cara.

“ ¡Ai! “ me quejé tapándome la cara con la almohada. “ ¿Eres idiota? ¿No ves que aún estoy medio dormida? “ dije enfurruñada.

“ Oh, vamos. ¡No puedes dormir más! Hoy tenemos muchas cosas que hacer. “ exclamó emocionado.

“ ¿Qué cosas? “ repuse desconfiada. “ Mira, no te ofendas, pero ni te conozco ni quiero hacer nada contigo, ¿vale? “ Las buenas maneras de las que había hecho gala el día anterior se las había llevado el viento, pero ya estaba harta de que ese chico me tratase como a una íntima amiga. Vale que era probable que fuese mi primo, pero aún así, no lo conocía de nada. Y mi simpatía con los desconocidos era limitada. Muy muy limitada.

“ ¡Tranquila, Daisy! Ya sé que tu habilidad de conversar con los desconocidos es muy limitada, pero no te preocupes, que pronto me vas a recordar y todo va a volverse más fácil. Mientras tanto, ¿por qué no vamos por ahí y nos divertimos? “

“ ¿C-co-como me has llamado? “ susurré sorprendida. Recordaba aquél mote estúpido que alguien me había puesto alguna vez.

“ Daisy. Matt y yo solíamos llamarte así para molestarte, aunque él a veces utilizaba otro mote. No me preguntes cual es, porque no lo recuerdo. “

“ ¿De verdad os inventasteis vosotros ese mote? Recuerdo que cuando era pequeña alguien me llamaba así… ¿Será que empiezo a recordar? “ pregunté animada.

“ Puede. “ respondió Christian con una sonrisa enigmática.

“ Oye, Christian… “ empecé.

“ Llámame Primi, por favor. De pequeña lo hacías. “ Tenía una sonrisa enorme en la cara.

“ ¿Sí? “ dije enarcando las cejas “ Lo dudo. “ continué, rascándome el mentón en actitud pensativa. Yo nunca he sido el tipo de chica que inventa motes cursis.

“ No la engañes más, Chris. “ le reprendió una voz masculina procedente de la puerta.

Los dos nos giramos a la velocidad de la luz al notar otra presencia.

“ Oye, tío, no me seas aguafiestas. Con lo bien que nos lo estábamos pasando. “ refunfuñó Christian decepcionado.

“ ¿M-matt? “ exclamé de pronto.

Los dos chicos me miraron realmente sorprendidos.

“ ¿Me recuerdas? “ susurró él emocionado. Sus ojos azulados brillaron durante un instante.

“ Un poco. Creo. “ susurré insegura. “ ¿Nos conocimos en un río? “ pregunté tímidamente.

“ Así es. “ afirmó ensanchando su sonrisa. “ Tú estabas a punto de ahogarte, y yo te salvé la vida. “

“ Pues… gracias, supongo. Ahora ya entiendo porque le tengo pánico al agua.” Pensé en voz alta.

Los dos chicos se rieron ante mi comentario, y Matt se alejó de la puerta para sentarse a mi lado en la cama.

“ ¡Has crecido mucho! “ se maravilló estudiándome de arriba a abajo, algo que me incomodó. “ Oh, lo siento. Aún te incomoda que te miren, ¿verdad? “

“ Podríamos decir que sí. “ respondí cohibida.

“ Bueno, me alegra que no hayas cambiado en absoluto. Tenía miedo de encontrarme a otra Danie totalmente distinta a la que fue mi mejor amiga. “ dijo alegre.

“ Oh. También recuerdo ese mote. Aunque… “ dije mirando a Christian “ me parece que éste si me gustaba. No como el otro, Daisy. “

“ ¡Oye, Chris! ¿Pero qué mentiras le has contado a la pobre? ¡Pues claro que te gustaba que te llamase Danie! Adorabas el nombre… En aquél entonces decías que Daianne era nombre de abuela y que tú querías algo más adecuado para tu edad. “ recordó riendo. “ A Chris se le ocurrió llamarte Daisy, pero tu odiabas aquél mote estúpido. Yo propuse cambiarlo por Danie, y tu aceptaste inmediatamente. Amabas aquél nombre. “ prosiguió, aún riendo.

“ Es verdad… “ dije soñadora. “ Me gustaría recordar más cosas sobre vosotros, chicos… “ respondí cabizbaja.

Los dos se lanzaron una mirada significativa muy sospechosa.

“ Lo harás, Danie, no te preocupes. “ susurró Matt abrazándome.

Y aquél abrazo me resultó tan familiar que tuve que aguantarme las lágrimas. Recordaba sus abrazos pero no lo que había vivido con él. Aquello era raro, muy raro.

Allí había gato encerrado, ¿o no?



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¡Bueno, bueno, bueno!

Espero que os haya gustado, aunque sea un poco casi nada, y espero que volváis a pasaros por mi blog como hacíais antes. (Entiendo que ahora esté abandonado porqué yo casi nunca me paso por aquí... ¡Mea culpa!


besos :)


jeeeeei_

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